
Hoy, el puerto comienza una nueva etapa. De acuerdo con la Secretaría de Turismo, Acapulco es uno de los destinos mexicanos con mayor crecimiento proyectado para esta temporada de verano, con un incremento estimado del 20% en la llegada de turistas respecto al mismo periodo de 2025, una de las tasas más altas del país. Pero junto con el regreso de los viajeros, también comienza a surgir una pregunta distinta: ¿Puede Acapulco convertirse nuevamente en un destino al que también se viaje por su gastronomía?
No sería la primera vez que una ciudad redefine su identidad a través de la cocina. Oaxaca encontró en sus cocineras tradicionales y restaurantes contemporáneos una forma de consolidarse como un destino gastronómico de talla internacional o Valle de Guadalupe, que logró que miles de viajeros eligieran Baja California motivados por sus restaurantes y vinícolas tanto como por sus paisajes.
Acapulco ahora escribe un nuevo capítulo en su historia gastronómica. El turismo ha cambiado y cada vez son más los viajeros que planean un viaje alrededor de una mesa. Ya no basta con visitar un destino; ahora se buscan restaurantes capaces de convertirse en el motivo principal del viaje. La gastronomía dejó de ser un complemento para convertirse en una de las principales razones para elegir dónde vacacionar, una tendencia que hoy define buena parte de las recomendaciones de viajes y gastronomía a nivel internacional.
En este nuevo escenario, la conversación gastronómica del destino no se construye únicamente a partir de nuevas aperturas, sino también gracias a propuestas que, desde hace años, han contribuido a posicionar a Acapulco como un destino donde vale la pena sentarse a la mesa. Restaurantes que han sabido evolucionar, mantener una propuesta consistente y elevar la experiencia culinaria del puerto hoy forman parte de esa nueva narrativa que acompaña el regreso del destino.
Entre esos referentes destaca Banyan Tree Cabo Marqués, cuya propuesta gastronómica forma parte de una experiencia que combina sabores locales e internacionales con algunos de los escenarios más privilegiados del Pacífico mexicano. Desde sus diferentes centros de consumo, el santuario permite descubrir la cocina no solo a través de sus sabores, sino también del entorno en el que se disfruta. En Las Rocas Grill and Bar, los sabores de Guerrero se presentan frente a la Bahía de Puerto Marqués, donde es posible degustar un fresco pescado a la talla acompañado de la Mezcalina, su cóctel insignia, mientras se escucha el sonido de las olas al encontrarse con el risco. Una experiencia que conecta la gastronomía local con el paisaje que distingue a Acapulco. La oferta se complementa con propuestas internacionales, como la cocina tailandesa de Saffron y los sabores italianos de Cello, mientras que Bar Las Vistas invita a contemplar el atardecer entre cócteles de autor y música en vivo. Así, cada espacio ofrece una manera distinta de saborear el destino y de descubrir las vistas que dan nombre y carácter a la experiencia. Lo interesante es que esta conversación coincide con un momento particularmente favorable para el destino. Además del crecimiento proyectado en visitantes, las autoridades turísticas prevén que este verano México alcance 22.4 millones de turistas hospedados en hoteles, reflejando un renovado dinamismo para la industria y una oportunidad para que destinos como Acapulco redefinan la manera en que quieren ser recordados. Porque, así como otras ciudades encontraron en la gastronomía una nueva forma de contar quiénes son, Acapulco hoy reafirma esa vocación. Y restaurantes como Saffron demuestran que el renacimiento del destino no solo se mide en cifras de ocupación o llegada de visitantes, sino también en la capacidad de ofrecer experiencias culinarias por las que vale la pena volver.